sábado, 13 de agosto de 2011

La ciudad se prende fuego.

Vivir en una ciudad grande siempre tiene sus ventajas y sus desventajas. Uno puede elegir entre ver el vaso medio lleno: la gente linda, alegre, la preocupada, la que camina y va hablando por celular, la que maneja y va hablando por celular, la que pasea a su perro, los que miran vidrieras, los que miran a otra gente, los que se quedan hablando en la calle con extraños, los que le cuentan sus problemas a los comerciantes, a los taxistas, a los remiseros o a cualquier persona que se muestre con ganas de escuchar otra cosa que no sean sus propios pensamientos o cómo está el tiempo.

También se puede ver el vaso medio vacío: la mediocridad de la gente, los inoportunos, los maleducados, los "dueños de la calle", la suciedad, la lentitud del tránsito, los volantes políticos que nos llenan los bolsillos de las camperas, los charcos después de la lluvia, los autos que pasan y nos empapan, los aprovechadores, los inútiles, los que se fijan en la paja de los demás cuando tienen una viga en sus propios ojos.

A veces, inconscientemente, si uno se para en el centro de la ciudad como observador incansable puede ver todas éstas cosas y muchas más y puede elegir su propio camino, su propio punto de vista.

¿Cuál eligen ustedes?