Cada vez irá doliendo menos. Seguiré viviendo, levantándome cada mañana, cambiando las lámparas fundidas, riéndome en el cine, y maldiciendo por el frío que hace en invierno. Y la pena que ayer me desbordaba, quedará en un cajón dentro mí que sólo abriré los días de nostalgia para saludar a un dolor ya domesticado.
9 comentarios:
A veces me pregunto si en verdad se puede domesticar al dolor...
El Profesor
A vos te voy a domesticar, guacho podrido.
Lolítica, qué bueno que retomaste. Yo tengo escrito un poema que se parece a eso que escribiste. Es más largo y menos espontaneo, pero leyendo lo tuyo me acordé de lo que sentí cuando escribía lo mio. Después voy a querer mostrarte.
Un beso. No te dejes engatuzar por los opinadores a sueldo estos. Son peligrosos.
siempre que paró llovió ...
Hablando desde mis experiencias, SÍ, pasa, se va, cicatriza, se olvida, se vuelve minúsculo de tan cotidiano, y mil versiones más de las bondades del tiempo.
Me gusta mucho la simpleza y el pulso que se nota en lo que escribiste: ¡excelente! . Por otro lado: SOLIDARIDAD (que todo pasa, sólo hay que avanzar sin parar y todo pasa)
Saludos.
Gema:
Ese Santiago sí que es tarado, ¿eh?
El Profesor
Mi querida amiga.. cuanto tiempo sin leerte.. lo siento, había perdido tu dirección.. de verdad lo siento ya te enlace en mi blog de poesía para o perderme de nuevo de tus letras y espacio.. que siempre me han gustado..
Un beso amiga..
Un gusto visitarte.
Un abrazo
Con mis Saludos fraternos de siempre..
Jajajjaja El Profesor, no sabés en la que te metiste: Lolítica ¡Atac! ¡Atac!!!
Sip, es así, a pesar de que sea una patada en los huevos del ego ajeno, pero está demostrado que hay vida después de... todo!!!
creo que en realidad nada nos importa tanto
Publicar un comentario en la entrada