jueves, 18 de febrero de 2010

"Sos única porque sí, Lola"

Descalza.

Descalza me siento. Descalza estoy. Al frente de mis temores y de mi espejo. No hay desnudez, sino desasosiego.
Con una mano me tapo los ojos y con la otra ofrezco mis zapatos, teniéndolos en alto.

¡Oh, casualidad! Nadie quiere probárselos, les quedan grandes.

Ya hace un mes que aquel individuo no llama, pero siempre está la otra, la suplente. Aunque quizás ni siquiera yo sea la titular, quizás sólo soy yo la suplente, porque me gané el papel, sólo una mera posibilidad que basta para sacarme de encima los zapatos.

Esta es la historia, donde uno quita los escombros, donde todo es esencial, donde la vida es confusa y una simple ecuación, en la cual nosotros somos la "x" y la igualdad ya se nos fue a la mierda y no tiene valor. Soy un complemento de mí misma.

Justo, navegando por mi mente, me acordé que antes, en 7mo grado tenía un profesor de química, llamado Nicolás, que siempre decía que tanto el amor como el odio eran dos palabras enormes mientras recordaba en voz alta las veces que su frustración lo indavía porque alguien lo odiaba o no lo soportaba.

Y yo, chiquita e inútil (no cambien mucho ahora, sólo lo de chiquita) pensaba que, después de todo, pobre hombre, no se había ido por las ramas, porque las lágrimas derramadas (contaba él) eran saladas y todo tenía que ver con todo, y en este caso, las lágrimas, SUS lágrimas con algún elemento químico., vaya a saber Nicolás cuál.

Me encuentro de nuevo, descalza, pero los zapatos me los sacaron, alguien se los puso, y le quedaron perfectos.

Para vos.