martes, 25 de agosto de 2009

El otro agujero.

Sé que estoy colgadísima con el blog y eso es algo que quiero cambiar.

Otra de las cosas que no quiero hacer, es contar sólo cosas puntuales y no las cotidianas.

Pero también es verdad que con esto de la gripe, en el colegio nos están matando. Como sabían, tuve exámen de geografía (cagada hasta las patas después de estudiar muchísimo) y todavía no sé el resultado. Tuve otros exámenes, entre ellos, uno de historia, hoy. Me fue bárbaro. Estoy casi segura que fue así.

Como tenía tres materias bajas (psicología y filosofía por una causa personal, y geografía porque la mina no tiene un criterio válido y coherente para evaluar) me tuve que poner las pilas. Psicología y filosofía las subí, y me queda ver geografía.

Lo bueno de todo esto, es que, aunque ando a los pedos, también tengo tiempo de reírme.

El sábado fui a lo de mis nonos, en parte para divertirme un poco y por otra parte porque extrañaba los gritos de mi nona retando a mi nono.

Así fue que a la mañana les toqué timbre, los abracé, subí, tomé quichicientos cafés y me divertí un rato.

Mi nono compró un televisor, entonces un amigo de la colectividad italiana que yo ya conocía y él, se pusieron a armar una mesita para acomodar el objeto en cuestión.

Mi nono (N), y su amigo Mingo (M).

N: Mingo, cambiaste de agujero.

M: Y si, de vez en cuando hay que cambiar, bah, cuando se puede. Hace bien.

(Yo, a punto de estallar en una carcajada y mi nona concentrada buscando la ley de alquileres que "van" a aprobar).

N: Sí, tenés razón, a veces hace bien cambiar de agujero. ¿O no, muñeca?

Nona: ...

M: Me parece que tu marido está medio zafadito hoy, eh.

N: ¡Nono, calláte!

Y ahí, está. Me sentí excelente. Estaba de nuevo en mi mundo.

domingo, 23 de agosto de 2009

Finde tranqui.

Fue un lindo fin de semana. Ayer con Q, y tranquila después de los horribles 10 días estudiando a full para geografía.

Disculpen que anduve desaparecida. Ya estoy mejor. Hoy es un día para no aburrirse, para salir y pasear.

Hermoso sol. Bella mañana.

domingo, 16 de agosto de 2009

Casorio en puerta.

Recordarán, aquellos que han seguido la historia de Bruno (un muy buen amigo mio) y sus amores que terminó finalmente yéndose a vivir con Diego.

Cada vez que hablo con él, me dice cuán maravillosa es la convivencia, que valió la pena haber pasado por esas dificultades para terminar donde está hoy.

Hacía bastante que no escribía de él, porque todo seguía en un plano equilibrado, de hecho, lo sigue estando, pero la última noticia me descolocó.

Bruno estuvo con Ale, un tipo bastante difícil de manejar, creo que buena persona en el fondo, pero un tipo raro.

Luego conoció a Juampis, con quien estuvo saliendo por un tiempo, pero, no se sentía cómodo, era varios años menor que él, dependiente de Bru y eso lo ahogaba.
Por eso fue que lo dejó, que decidieron cortar. Digamos que Juampis, no dejaba de ser en su esencia, un adolescente, como lo sigue siendo ahora.

El otro día, hablando con Bruno, me dio tremenda noticia:

-¡Juampis se casa, Lo!

¿Qué? ¿Qué parte me perdí?

La verdad de la milanesa es que, Juampis se casa por despecho. Estuvo todo éste tiempo buscándolo a Bruno, y falló, porque no era correspondido.

Sé cuán difícil es retirarse con la poca dignidad que queda, pero es mejor así que arruinarse la vida.

Se casa con un empresario, un tipo rico, que conoció vaya uno a saber dónde. Y encima, se casa en España.

Los invitó a Bruno y a Diego porque parece que su novio rico les paga el pasaje.

Y hay casorio en puerta, no más, señores.

sábado, 8 de agosto de 2009

8 de Agosto. Nueva oportunidad.

El 8 de agosto de 2008, hace exactamente 1 año y un día, había decidido que mi vida debía terminar.
Planeé el cuándo (ese viernes cuando mi mamá se fuera, a las 15hs), el cómo (Café al Cognac con 63 mg de Clonazepan- lo que quedaba de mis pastillas- y cortándome las venas) y el dónde (en el baño de mi casa).

Ese viernes me levanté, y era el último viernes de mis vacaciones de invierno, por eso aproveché, y limpié mi casa de arriba a abajo, como si tratara de limpiarme a mí misma antes de partir. Quedó reluciente, pero yo no.

Cuando mi mamá y mi hermano se fueron, comenzó el ritual. Necesitaba valor, ese valor que sólo te lleva a la cobardía.

Es preciso y necesario poder contar todo esto para llegar a la conclusión.

Empecé por el café al Cognac y después de unos cuantos tragos, me instalé en el baño, a tomar las pastillas, una por una.
Recuerdo haber estado un poco borracha, o quizás adormecida por las pastillas cuando empecé a cortarme, como solía hacerlo, para poder controlar algo más allá del dolor emocional, del cual no tenía control.
Me corté todo lo que pude, hasta que (creo) me quedé dormida.

Habrán pasado unas horas (no lo sé con exactitud) hasta que -según me dijeron- mi mamá llegó 17:55 y me encontró. Desde ahí, ya casi no recuerdo, sólo hay flashes:

La policía pegándome cachetadas, llamándome "Emma" en vez de "Gema", alguien que me tomaba el pulso, alguien alzándome, despertarme milésimas de segundos y verme en un patrullero (quizás no), estar en una sillar de ruedas, mi psicólogo corriéndome el flequillo, la sonda entrando en mi garganta, y desde ahí nada más, desde ahí, sólo relatos.

Estuve internada varios días, hasta que me dieron el alta. De ahí, sólo vinieron más discusiones, peleas, cagadas, y pastillas. Maldito Valcote, maldita Paroxetina.

No sé si quería recuperarme, me costaba, yo quería irme, no del hospital, de este mundo. Problemas y más problemas era todo lo que veía.
Un profesor vino a visitarme, a darme ánimo. No estaba en mis cabales, de hecho, no sé si hoy por hoy lo estoy, quién sabe.

Pero sí sé algo, y de eso estoy muy segura: no me arrepiento de lo que hice. Jamás lo haré. Eso me hizo dar cuenta de que tengo que vivir, que los problemas no mueren cuando uno se mata, se los enfrenta, y punto, no hay vuelta que darle. También me hizo valorar otras cosas.

Aún así, si no fuera por esa ocasión tan en particular para mí, no estaría acá escribiendo esto, no estaría felíz hoy, no estaría satisfecha.

Enfrentar espejos jamás es fácil.

La verdad duele, sólo al principio, pero se la enfrenta.

Y yo... yo decidí enfrentarla.