lunes, 27 de julio de 2009

Mi psicópata (psicólogo).

-¿Estamos esperando la carroza?

-No sé ¿vos?

-Yo no, pero la verdad es que este silencio me parece completamente absurdo. No tiene sentido.

-Tiene sentido.

-¿Sí? ¿qué tal si me lo decís? Porque yo no se lo encuentro.

- El sentido es tus piernas, tus brazos, tu organismo todo, tu persona toda.

- ...

Lástima, lástima, que la voz que más añoraba escuchar fue la que más me costó soportar.

Con ustedes, adorables, mi psicópata.

martes, 21 de julio de 2009

Srta DTB, no me afane más.

Ayer fue el Día del amigo y la pasé bastante bien, aunque la hubiera pasado mejor si no me hubieran afanado.

Me levanté, limpié mi casa (ya me puedo casar) y después me produje para ir al centro. Lo llamé a Ale (uno de mis mejores amigos) y me encontré con él en la puerta del Mc Donalds. Nos abrazamos, nos dimos un beso, y paseamos juntos.

Cerca de las 17:30hs estábamos de vuelta en su casa, porque teníamos que esperar a Carolina F. y Carolina G. para irnos juntos a lo de otra compañera, para festejar.

Primero llega Carolina F. quien me apodó Maria Pechuga, para todos los señores, y nos ponemos a tomar mate y enroscarnos junto con Alexis.

Después llega la otra Carolina. Una chica evangelista, con la cual nunca tuve buen trato, y que me tiene los ovarios como bufanda con Dios y sus secuaces.

Por eso se la apoda DTB (Dios te bendiga).

Fui una sola vez en la vida a la casa, hace cuatro meses. Fuimos Ale, dos compañeros más y otra chica.
Comimos una pizza, la pasamos bien, pero nunca me casé con nadie. Y lo que vi ayer, me confirmó, que hice bien.

Cuando la veo llegar estaba vestida con un jean, botas, un pulóver, y un chaleco arriba. Inmediatamente cuando la vi, me di cuenta que el pulóver que llevaba era mío, ése que hacía meses que trataba de encontrar.
Cuando yo fui a la casa (un sábado) me olvidé dos cosas: una bufanda y un pulóver. Al Lunes siguiente, en el colegio, ella me devuelve la bufanda pero el pulóver, no. ¿Por qué? Simplemente porque yo no recordaba habérmelo olvidado en su pieza.

Lo busqué como una flor de pelotuda, pero no debía buscar más, lo tenía enfrente. El pulóver en cuestión, era bastante original, por lo cual la conversación fue así:

-Ay, qué lindo pulóver, che. ¿Me lo mostrás?

- Sí. - se baja el cierre del chaleco, y confirmo que era mi pulóver.

-Precioso. -Ale entiende- ¿dónde te lo compraste?

-No, me lo encontré por ahí, en mi pieza.

Claro, a la hora de darme lo que me olvidé, decidió entre la bufanda y el pulóver.

Fuimos a lo de mi otra compañera, y después de comer unas pizzas, fumar, reír, etc. Ale le pregunta (verdad-consecuencia) a DTB si alguna vez había robado.

-No, no. Jamás. (WTF!)

Se le hizo otra pregunta que no se animaba a responder a otro compañero, por eso dije:

-Tranquilo, respondé, total, robamos, mentimos, no nos falta nada.

La negra piró. Se puso azul.

Ya no quiero el pulóver, pasó por su cuerpo, y me lo estiró todo. La forrada está hecha.

Pero te hice una cartita, DTB, guardála, porque la hice de corazón:

"Querida forra:

Me imagino que la honradez abunda en vos, por eso no me animo a pedirte mi pulóver de vuelta, no vaya a ser que me contagie, y no querría sacarte tal virtud.
Espero que sigas con la Biblia, Jesús, María, Josecito, y el imponderable Dios, que tanto te bendice con el manto de pelo negro, los dientes de alcaucil y el traste-terremoto.
Ya que soy pobre, te pido encarecidamente, que no me afanes más. Prometo regalarte un pulóver igual, para que tengas dos, y no tengas que salir a chorear.
Seguí rezando, yendo a la Iglesia y colándote un dedo.

Atte. María Pechuga."

domingo, 19 de julio de 2009

Sola y con mate.

Me levanté hace un rato, sin ganas de nada. Tengo una fiaca insoportable, y no pienso levantar un dedo.

Me cebaré unos mates, junto con mis puchos, y después rastrearé algún amigo para que me cebe.

Proximamente pasaré por sus blogs, hace mucho que no lo hago.

¿Cómo andan, mis amores?

sábado, 11 de julio de 2009

...Simplemente

...Simplemente no soy yo, sin duda, sos vos.

miércoles, 8 de julio de 2009

Pueblo chico infierno gigante

Como venía diciendo en un post anterior, era la primera vez que mi nona me invitaba al Círculo Marchigiano* y también, gracias a María, Jesús y Josecito, la última por elección propia.

Llegamos y logré zafarme de las piernas de esas viejas, pero con consecuencias: salí pareciendo la Srta Gertrudis Rococó, despeinada (nada raro), remera subida, y acomodándome las botas ¿Qué tul, señores? ¡Ahí tienen a María Pechuga!

Ni bien llegamos, abrí la puerta de la camioneta y cuando miré la puerta de entrada que daba al hall, pude divisar a mi nona, Doña Petrona, quien ya estaba haciendo sociales.
Nos quedamos un rato en la camioneta, y después vino mi nona diciendo que ya podíamos entrar, y una sarta de otras cosas, que no quedaron registradas, porque no proceso más de cinco palabras al mismo tiempo (y eso, es una cifra generosa).

Entramos y nos acomodamos, pero los que estaban en la mesa eramos todos, menos Doña Petrona (mi nona). Claro, estaba charlando y necesitaba saber los últimos chusmerios de la farándula.
Faltaba mucho para almorzar, y mi estómago empezaba a dar señales de vida, porque no había desayunado, asi que decidí ser discreta, y levantarme para ir al baño, pero de la nada, ni bien me levanto mi nona me informa:

-Directamente te vas a sentar allá, porque ¿sabés? somos todos un grupo, y queremos estar juntos.

- (Mi estómago realmente se escuchaba. Necesitaba actuar urgente) No hay problema, noni.

Me fui para el baño, no sin antes perderme porque era todo un fucking laberinto, y mi sentido de la orientación cuando te dicen "Andá hasta el fondo y doblá a la derecha, pasá la cortina roja y después seguí un poco más que vas a tener que doblar de nuevo" es la de una babosa.

Pero saliendo victoriosa después de unos veinte minutos, volví, y cuando llegué a mi mesa, mis cosas estaban en otro lugar:

-¿Por qué tardaste tanto? Bueno, no importa, no me digas. Al final te sentás en otro lado.

-Huh, bueno. (Puteando hasta quedarme sin repertorio)

Siguieron enroscándose mientras hablaban de las personas que estaban por llegar, asi que bloqueé mi mente, y prendí un pucho.

Todos llegaron, felices y contentos. Cuando nos sentamos, los mozos -sí, los Boy Scout, señores, ¿qué tul? Somos finos. Bueno, estos muchachos no lo eran tanto... casi me tiran un café encima- empezaron a servir. Y uno de los amigos de mis nonos, a quien había visto antes, y no soportaba, me dice:

-¿Vos sos yema? ¿La que estabas en Fontana Di Trevi la otra vez?

- (No, en realidad soy Pipin Longstocking, pero me hice la cirugía para parecerme a "yema"). Sí, soy yo, Gema.

-Uy, disculpáme, no te había reconocido. ¡Cuánto tiempo pasó!

-(Un mes, no más, ¿y tanto cambié? Eso que no comí tanto.) No hay problema, suele pasar.

El resto transcurrió sin sobresaltos, hasta que llegó Bruera, y la Consul. Vale aclarar que todos hablaban la Consul esto, y lo otro, allá y acá. La alababan. Y se me ocurrió pensarla como la mujer maravilla.
La imagen se me fue al carajo cuando la vi y la escuché hablar. Mon dieu! Largue el pollo, señora, usted puede.

Bruera se sentó, comió dos porciones de Lasagna, se levantó, dio un discurso cualquiera porque no se acordaba lo que decía el bosquejo, y se fue a vaya saber Dios donde. No me interesaba, pero me hubiera podido escapar con él.

Todos hablaban y yo no entendía de quién. Si van a criticar, por lo menos quiero conocer a la persona. Pero en ese pueblo tan chico, el infierno no era grande, era gigante. Y yo no pertenecía ahí.

Mi nono me sacó a bailar, y antes me fijé que no hubiera cámaras filmando la fiesta 'tan hermosa' con un tipo desafinando, y moviéndose como si creyera de que cantaba bárbaro.

Se me aguó la tranquilidad cuando mi tío me dijo:

-Tranquila, hay un video. Me lo acaba de decir Pepa.

-¿Eh?

-Sí, lo vamos a ver el Domingo (día del Padre) cuando comamos.

Por lo menos me quedo tranquila de que mi traste va a ocupar toda la pantalla y con ustedes, señores y señoras: Mi tío Lalo.

* (Si mi nona se entera que mi vieja me tiró hace un rato la entrada, y la tuve que sacar del tacho de basura para ver cómo mierda se escribía "Marchigiano" me retira el saludo. Hmm, voy a pensar alguna forma de que se entere)

viernes, 3 de julio de 2009

Basta de palabras.

No es que dejo de postear para crear más intriga, aunque sé que lo hago al no hacerlo. Sólo es que me cuesta recordar esa historia no tan lejana. No hay que hacer mucho para hacerlo, pero sigo recordando... y acá voy.

Antes de entrar a la casa de Sig llamé a dos amigos, para asegurarles mi bienestar. Él sólo me sonreía.

Entramos de la mano a su casa. Era un pasillo largo, y tuvimos que subir unas escaleras, y ahí estaba la puerta, allí se abría su mundo.

Sacó sus llaves y abrió la puerta. Después de mostrarme su departamento, me senté en su cama:

-¿Qué querés tomar, Gema?- me dijo.

-Mate.

-Dale, voy abajo a calentar el agua y vuelvo. ¿Sí?

-Bueno. Yo mientras veo mis escritos. ¿Puedo?

-Son tus escritos, Lo, podés hacer lo que quieras con ellos.

-Tenés razón, bueno, andá, te espero.

Me quedé mirando su pieza, sus cosas, su computadora y su ropa.
Después saqué mis escritos y los fui hojeando uno a uno. Estaban todos, y hacía tanto que no los tenía en mi poder, que me sentí rara, sabiendo que todo ese montón de hojas lo había escrito yo.

Sig, tardó muchísimo en calentar el agua, casi como que fabricó el termo, el mate y la bombilla.

Cuando volvió, puso música. Empezamos a escuchar a Lenny Kravitz, uno de mis cantantes preferidos, y a continuación se sentó en el piso.

Empezó a hacer el mate casi como un ritual. Sacándole el polvillo a la yerba, acomodando la bombilla y haciendo otras cosas que ya no me acuerdo, pero sí recuerdo haber soltado una carcajada.

-Sig ¿qué hacés? ¿sos obsesivo?

-Jaja, no, preparo el mate. Lo que pasa es que vos no debés saber cebar como corresponde.

Me saqué las sandalias y me senté de cuclillas en el piso, tal como él había hecho.
Nuevamente hablamos de cosas triviales, y nos reímos, mucho. Él me hacía reír hasta quedar colorada.

Notó cómo suelo mover las manos, mis gestos, mis sonrisas, sólo para expresarme.

Pero de pronto un silencio irrumpió en la habitación.

-¿Qué pasa?

-Nada.

-Entonces ¿por qué me mirás así?

Ya no había nada más que decir con palabras.

Me di cuenta de eso cuando se me acercó y casi entre violenta y sutilmente me besó.