domingo, 28 de junio de 2009

Tempestad.

Bajé del tren y lo llamé. Me pidió que esperara diez minutos para que terminara de cambiarse y me pasaba a buscar.

Diez minutos que se hicieron veinte, pero al fin, minutos interminables. Tarde pero seguro, llegó.

No lo había visto, asi que cuando me llamó me di vuelta cuando me dijo:

-Ya te vi. Ahí estás.

Y se acercó sonriendome mientras seguía con el celular en su oreja. Me acerqué, le sonreí, y le di un beso.
Me preguntó trivialidades y fue una conversación común, aunque, en fin, no esperaba que fuera de otra forma.

Caminamos una cuadra sin sentido, cuando sentí que su brazo tomaba el mio y me hacía volver sobre mis pasos.

-Tengo algo que darte- me dijo.

-¿Qué es?

-Esperá, no seas ansiosa -sacó un cigarrillo, lo prendió y después de darle unas pitadas, sacó algo de su bolso de cuero.

Eran mis escritos que meses atrás se los había dado antes de que los confiscara mi familia.
Lo único que me salió en ese momento, fue agarrar los escritos y por poco abrazarlos como si fueran mi juguete nuevo.

Esos escritos son mi vida. En todos los sentidos. Realmente lo son.

Le agradecí que los hubiera cuidado tanto, que no se los hubiera olvidado, y que los hubiese retenido aún cuando se había cortado nuestra relación por un tiempo largo.
Pero pronto mi atención se había desviado a su persona. Ya no eran los escritos. Ahí estaba Sig, ahí estaba yo, en medio de Villa Ballester, en el culo del mundo.

Estábamos parados, y yo me había quedado absorta en mis pensamientos cuando su voz, esa que tantas veces me había calmado, entraba nuevamente en escena:

- ¿Querés recorrer el centro o vamos a casa? Hacemos como quieras, Lo.

-Hmm, no, no sé. Sig, sabés que odio decidir. Elegí vos.

-¿Vamos a casa y tomamos unos mates?

-Dale.

Habíamos empezado a caminar, cuando me dijo:

-Pará, vamos en micro. Queda como a 15 cuadras de acá.

-¿Y? ¿se te gastan los pies a vos?

Largando una carcajada, me agarró de la mano, y nos fuimos caminando hasta su casa.

Al pasar por el supermercado de los chinos de enfrente -del cual tanto habíamos hablado por teléfono haciendo chistes- me sentí cómoda, segura, como si pudiera llevarme el puto mundo por delante.

Cuánto me equivocaba.

Ahí comenzaba la tempestad.

sábado, 20 de junio de 2009

Pecar de inteligente.

Hace tiempo, casi cuando empecé con este blog, comencé a escribir mi historia con Sig (lo pueden leer en la etiqueta "Sig"). Por algo, no me animé a seguir escribiéndolo, entre aquellas cosas, problemas con mi familia.

Sí, es una historia verdadera, sí, es mi historia.

Cuando dejé de escribir esa historia, le di importancia a otras, pero mis asiduos lectores, no se olvidaron, y me lo recordaron.
Uno de ellos me llamó la atención al preguntarme cuándo escribiría sobre el por qué de mi apodo "Lolita" y más cosas sobre Sig.

Por una cuestión de respeto, no pongo su nombre verdadero, por eso lo llamo Sigmund, o Sig, por su profesión de psicoanalista y porque así era su apodo en el chat en el cual nos conocimos.

Lo conocí cuando tenía 28 años (él, claro). Ciertas cosas sobre él ya las escribí anteriormente, como su edad, su profesión, de dónde era, sus actitudes y cuánto duró todo.

A veces es bueno volver sobre nuestros pasos, ver qué hicimos mal. Me propongo hacer eso, o quizás sólo contarlo como una anécdota más sobre mi vida.
Siempre fui de ilusionarme, pero no como una pendeja de 15 años.

Cuando lo conocí, no me faltaba mucho para cumplir mis 15. Y el hecho de que no sólo él, sino de que siempre me atrajeran personas grandes, trajo sobre mi espalda el bien ponderado apodo "Lolita", conocido por la novela de Vladimir Nabokov, con el mismo nombre.

Escuché de la boca de mi santa madre, miles de veces que quizás no debería ser así, que quizás no estuviera mal pero que sí era peligroso, que podían manejarme o manipularme, como dice ella "saben cómo llevarte". Y es hoy que aún así, pienso que puede ser, pero que no a mí. Quizás es parte de la adolescencia creer que no me va a pasar, o que soy incapaz de mostrarme sumisa, porque nunca lo fui.

También puede ser que ésta adolescente, medio boluda, no tan en su sano juicio pero con brotes de cordura, no haya sido criada como una nena, porque ciertas cosas nos hacen crecer de golpe.

Como ya escribí en otro post, estuve nueve meses con él, eso fue lo que duró, interrumpido por un suceso que todavía falta por contar.

El día de vernos, había llegado.

Un 6 de noviembre, bajé del tren y ahí me di cuenta, con sólo verlo, que comenzaba otra parte de mi vida.

lunes, 15 de junio de 2009

Los gringos. (Mi familia)

Sin duda, vengo de una familia italiana.

Mi tía abuela, friulana, es aficionada, como muchísimos otros viejos gringos, a los círculos que encierran a todos ellos en un salón grande, los sientan con vino, pastas y tarantelas a comer y luego a bailar.

Ella no tuvo mejor idea que invitarme, y yo que aceptar. Era la segunda y, claro, la última, vez que iba.
Primero que nada, cuando me invitó, me preguntó si me podía ir en micro.

-Nena, vos podés ir en micro ¿no? Porque la camioneta ya va llena.

- Sí, nona, decíme ¿dónde es?

- 44 pasando ruta 36, a 3 cuadras,

- (WTF?!) Noni, no sé dónde queda eso.

- Bueno, vos andá en micro que yo te averiguo cuál te tomás.

A la tarde me avisa...

-Te tenés que tomar el 508.

-No, noni, esa línea no existe más.

-¿Cómo que no existe? Vos haceme caso, tomáte sino el color mostaza.

-¿Huh?

En fin, le dije que no iba a ir. Pero como gringa terca más dura que el quebracho, me llama a las 11 AM (para esto, vale destacar, que yo estaba medio en bolainas, recién levantada por el ruido horrible del teléfono).

-¿Y no te venís en micro?

-No, nona, te dije que no.

-Bueno, preparáte porque...

-Pero...

-Te paso a buscar en...

-No te hagas dram...

- ... en media hora, tenés que estar lista. No me hagas esperar.

- Tú tú tú túuuuu- Me había cortado.

Salí disparada a bañarme, a lavarme los dientes, a secarme, vestirme, maquillarme, y tratar de arreglar mis pelos. Llegó 10 minutos antes. La insulté por adentro a más no poder, y salí dignamente tratando de parecer una... mujer.
Pero como no podía ser de otra forma, la dignidad se me fue a la mierda cuando me encontré con que me tenía que sentar arriba de tres viejas para hacer un viaje de media hora.
Las viejas gringas paquetas conocieron, por lógica, más mi culo que mi cara en toda esa media hora.

Eso no fue lo peor. Lo peor fue cuando empezaron a hablar mal de los homosexuales (punto débil) y yo discutiéndoles de que no deberían discriminar, sentada arriba de ellas, tratando de no empezar a putear, porque en cualquier momento seguro se abría la puerta en medio del camino y me perdían.

Terminé la discusión con un:

-Seguro que los homosexuales son mejores personas que cualquiera de los que están acá, en esta camioneta.

Seguido de eso, silencio letal de las viejas y mi nona, y la risa de mi nono diciendo "las cagó".

Finalmente, terminé comiendo lasagna, pollo y ensalada, vino, lemoncello, y torta. Ah, y claro, bailé tarantela.

Gracias a Dios, nadie tiene una filmación de eso.

miércoles, 10 de junio de 2009

Convencéte.

Situación: Ambas computadoras (la de escritorio y mi notebook) se rompieron, así que, mi tío nos prestó una hasta arreglar ambas.
Mi hermano sale de la computadora, y me siento en la silla, dispuesta a usarla.
Ni bien toco el teclado, se cae.

La conversación con mi hermano fue así:

R: Sos una estúpida, te acabo de dejar la máquina, y ya se te cae el teclado. Sos una estúpida.

Yo: (Mintiendo) Te juro que se me cayó solo. Te juro. (Tratando ahora, de contener la risa).

R: Sos una estúpida. ¿Qué se te va a caer sólo? Sos una estúpida.

Yo: (Ya estallando con la carcajada).

R: Sos una estúpida.

Yo: ...

R: Sos una estúpida. Disculpáme que te lo diga tantas veces. Sólo quiero tratar de convencerte a ver si tomás medidas.

Les presento, gente, a mi hermano, suave como un arado.

domingo, 7 de junio de 2009

Imperio.

El viernes 5 de Junio fue mi cumpleaños y lo festejé a lo grande. Me encantó.

El día comenzó con muchos mensajes a la madrugada de amigos intimos, seguido de una torta en el colegio con vela bengala, una tarde medio atareada y a la noche bar con amigos.

Bruno y Diego estuvieron ahí, al igual que Agus, Ale, Alan, Ser y yo. La pasamos fantástico. No por los regalos, los cuales en general no me gustan, sino por los abrazos y risas que todos ellos me brindaron.

Estuvo buenísimo. Lo disfruté estupendamente, y la noche terminó mejor de lo que esperaba.

Bar Imperio. Ahí fuimos, y la mesa n°2 fue en la cual nos sentamos y dejamos cerveza, gaseosa, picada, pizza y muchas muchas colillas de cigarrillo.

Ese fue un gran día, y mañana puede ser que también.